Michelle palideció. La lluvia arreciaba, empapándola de pies a cabeza.
—Isabella Star… estaba bromeando. ¡Ya entendí, no insistas! ¡No seas tan cruel!
—Quizás tú bromeabas, pero yo no. —La voz de Isabella sonó gélida—. Empieza a correr. Si te caes, gatea hasta la meta. De lo contrario… lo haré a la fuerza.
—¡Pero estoy herida! ¡Todavía tengo lesiones graves!
—No me importa. Gatea si es necesario —respondió sin pestañear. No me engañarás.
Michelle no tuvo más opción. Temblando, comenzó a quitarse la ropa lentamente hasta quedarse solo en ropa interior. Mordía sus labios con furia mientras las miradas la atravesaban como cuchillas.
Se echó a correr, pero pronto se cansó y se detuvo jadeando. Se giró y vio a Isabella mirándola con una sonrisa tranquila. Los demás, resguardados de la lluvia, observaban en silencio, listos para burlarse de ella.
Michelle sintió la humillación clavarse como agujas en su corazón. Pero no tenía adónde escapar.
¡Nunca imaginé que acabaría corriendo med