—¡Sí, claro, perra pretenciosa! ¿Es tuya? ¿Estás segura? ¿Acaso sabes manejar una moto? ¿Siquiera sabes andar en bicicleta?
¿Isabella Star conduciendo una motocicleta? —pensó con malicia—. ¡Qué broma! Es una mentira descarada. Voy a exponerla en cualquier momento.
Michelle se moría de celos cada vez que Isabella llamaba la atención. Esperaba con ansias la oportunidad de desenmascararla y hacer que todos se rieran de ella.
No era la única que no le creía. Nadie allí lo hizo. Todos miraban a Isabella con desaprobación, como si la acusaran de mentirosa.
Pero Isabella sacó una llave de su bolsillo y, sin miramientos, apartó a Michelle de la motocicleta.
—¡Mantén tus manos sucias alejadas!
Michelle gritó de dolor al caer al suelo, presionándose la herida. Su aullido resonó en todo el estacionamiento, como el lamento de un animal herido.
Los presentes observaron cómo Isabella introducía la llave en el contacto y encendía las luces delanteras de la moto.
—Ahora —preguntó con calma—,