Simon los observó alejarse, todavía aturdido. Su mano fue instintivamente hacia su hombro izquierdo. Allí, bajo la tela, estaba la cicatriz de lo que parecía una herida de bala. Pero lo inquietante era que no recordaba cómo se la había hecho.
Y sin embargo, justo al ver a Isabella, la cicatriz había vuelto a doler.
"Dijo que no me conocía… ¿será que la confundí con alguien más?"
Mientras Isabella y Chelsea salían del lugar, se toparon de frente con Alexander, que regresaba con algo en las manos.
El semblante de Alexander se oscureció en cuanto las vio. Una sombra fría cruzó sus ojos antes de preguntar con voz grave:
—¿Es tu ídolo?
Chelsea, un tanto avergonzada, respondió en voz baja:
—Algo así… él es el único. ¿Qué tiene de malo eso?
Pero Alexander no apartó la vista de Isabella. Con el ceño fruncido y una tristeza apenas contenida, le preguntó:
—¿Es tu tipo?
Sabía lo irracional que podía volverse un fanatismo. La idea de que Isabella pudiera ser una fanática más lo llenaba