¡Qué persona tan despreciable! Sabrina los había usado… y luego los había matado sin remordimiento. Tomó el archivo del suelo, lo abrió, leyó su contenido y, tras confirmar que era el correcto, lo guardó en el bolsillo con una sonrisa fría. Linn e Isabella, que habían presenciado todo, se preguntaron por qué esas personas no se habían asegurado de que nadie las estuviera observando antes de actuar con tanta crueldad. Cuando vieron que Sabrina estaba a punto de marcharse con el archivo, Linn se puso nerviosa. Isabella, sin embargo, le hizo una señal para que se calmara. Linn, aunque ansiosa, obedeció. Algo dentro de ella le decía que debía confiar en Bella. —¡Estallido! ¡Estallido! ¡Estallido! De repente, se oyeron disparos. Sabrina reaccionó al instante: se agachó, rodó por el suelo y se apoyó con una mano, buscando cobertura. Las balas silbaron muy cerca. Sus dos compañeros de equipo no corrieron la misma suerte: las manchas de pintura en sus ropas indicaban que estaban “
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