Linn no entendió a qué se refería, pero un escalofrío recorrió su espalda. Tenía el presentimiento de que alguien —probablemente Sabrina— iba a pasarlo muy mal.
Sin embargo, para su sorpresa, Isabella se sentó tranquilamente en el suelo, con la pistola en la mano, y se recargó contra un árbol.
Y luego... cerró los ojos para dormir.
Linn la miró sin poder creerlo.
“¿Hola? ¿Disculpa? —pensó desesperada— Amenazaste con darle una lección a Sabrina… ¿y ahora decides dormirte aquí mismo?”
De