Sabrina recibió un disparo certero y fue declarada fuera del juego.
No tuvo oportunidad alguna de defenderse.
Isabella se detuvo un instante y la observó con aire condescendiente. Luego, al notar la resistencia en el rostro de Sabrina, soltó una leve risa y disparó dos veces más.
—Estallido. Estallido.
¿Y qué puedes hacer tú, aunque no quieras morir?
Solo eres una perdedora… —pensó Isabella con frialdad.
Sabrina, con el rostro torcido por la ira y la humillación, miró a Isabella con profundo rencor. Apretó el bolsillo con fuerza, negándose a entregar el archivo.
Podía aceptar perder ante cualquiera…
excepto ante Bella.
Si ella no podía ganar, tampoco dejaría que Isabella lo hiciera.
Isabella, sin molestarse más, le lanzó una mirada desdeñosa, sostuvo el arma con elegancia y se alejó sin volverse atrás.
A lo lejos, varios francotiradores que observaban suspiraron.
—Los jóvenes de hoy… —murmuró uno—. ¡Son tan despiadados y brutales!
—Ni me lo digas —replicó otro—. ¡Esa chic