Gordon fingió no darse cuenta de la mirada de Isabella y sonrió con provocación, mientras seguía intentando lavarle el cerebro a George con palabras suaves pero venenosas.
Sin embargo, George estaba demasiado abatido como para escucharlo.
—¡Bella, date prisa! ¡Únete al equipo! ¡Vamos! ¿Me oyes? —rugió Jacob Hall como un león enfurecido. Parecía estar perdiendo la paciencia.
Nadie sabía arruinar el ambiente tan rápido como Jacob.
Isabella lo observó en silencio, con calma imperturbable.