Gordon fingió no darse cuenta de la mirada de Isabella y sonrió con provocación, mientras seguía intentando lavarle el cerebro a George con palabras suaves pero venenosas.
Sin embargo, George estaba demasiado abatido como para escucharlo.
—¡Bella, date prisa! ¡Únete al equipo! ¡Vamos! ¿Me oyes? —rugió Jacob Hall como un león enfurecido. Parecía estar perdiendo la paciencia.
Nadie sabía arruinar el ambiente tan rápido como Jacob.
Isabella lo observó en silencio, con calma imperturbable.
—¿Por qué me miras así? —preguntó él, algo incómodo.
Mirándola con torpeza, Jacob murmuró:
—Estoy esperando que me traigas buenas noticias, eso es todo...
Cuando Isabella se alejó, George se quedó mirando fijamente a Gordon, con una expresión difícil de leer.
—Gordon, ¿por qué dices esas cosas tan malas? —preguntó con tono serio.
La sonrisa de Gordon se desvaneció y su expresión se volvió fría.
—No lo haría si no fueras mi hermano. Eres demasiado joven para entender que, en la vida