El aire primaveral entró por las ventanas abiertas de la alcoba. La luz dorada del sol bañaba las mantas de piel, creando un ambiente de quietud casi absoluta. El cachorro, ya con algunos meses, se movía sobre el suelo con una energía inagotable.Evander lo observaba desde la cama, apoyado en un brazo.El pequeño intentaba atrapar un rayo de sol. Sus movimientos eran rápidos, torpes pero llenos de una vitalidad que deslumbraba. De repente, el niño se detuvo frente a un juguete de madera tallada. Sus ojos, habitualmente oscuros, brillaron con una intensidad diferente.Un destello dorado cruzó sus pupilas.Un pequeño zarpazo, apenas visible, rasgó el aire. La madera del juguete se astilló bajo sus dedos, no por fuerza física, sino por una chispa de energía pura que se desprendió de su pequeño cuerpo. El cachorro soltó un sonido de sorpresa, una mezcla entre risa y gruñido.Iris, que estaba terminando de organizar unos pergaminos, se acercó de inmediato.Su respiración se detuvo un segun
Leer más