El golpe fue seco y violento. Iris cayó de rodillas. Sus manos rasparon un suelo. Jadeó, intentando recuperar el aliento que la fuerza invisible le había robado al arrastrarla por el pasillo.Levantó la cabeza. La oscuridad era abrumadora y profunda.Ya no estaba en el rústico corredor de piedra del templo. Se encontraba en el centro de una inmensa sala circular. El suelo bajo sus palmas no era roca común, era obsidiana negra pulida como un espejo opaco. No había puertas, ni ventanas, ni salidas. Las paredes de roca subían en curva hacia un techo abovedado perdido en las sombras.Estaba completamente sola.—¡Evander! —gritó la princesa.Su voz rebotó contra las paredes, creando un eco lúgubre que le heló la sangre. El pánico le cerró la garganta. Segundos atrás estaba entrelazada con el Alpha, sintiendo su calor protector en la pequeña cama, y ahora un aterrador vacío la rodeaba, amenazando con devorarla.La Primera Prueba había comenzado sin previo aviso. La Prueba de la Duda.Lo
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