Evander perforó la superficie negra. El choque contra el agua helada le robó el aliento. El frío castigó su piel desnuda.
Su instinto salvaje ahogó la razón y tomó el control absoluto.
Buceó hacia el fondo del foso. La oscuridad era total. No veía sus propias manos. Nadaba a ciegas en un abismo líquido. El agua densa asfixiaba sus sentidos. La presión en sus oídos aumentaba a cada metro de descenso.
Las raíces de sombra se movían a su alrededor y rozaban sus piernas. Intentaban enredarse en su