El antiguo pergamino no se limitó a beber la sangre de la Luna. La exigió, la devoró, y a cambio, despertó.Los trazos negros que comenzaron a dibujarse sobre el mapa no eran de tinta. Eran pura sombra y oscuridad, venas de magia antigua que revelaban los caminos ocultos hacia el Abismo. Pero la magia no se detuvo en los bordes del papel. Seraphina observó, paralizada por un frío sepulcral, cómo aquellas líneas oscuras abandonaban la mesa y comenzaban a trepar por la punta de sus dedos.El tacto de las sombras era como hielo quemando su piel. La negrura se enredó en sus muñecas, subió por sus brazos y, con un tirón brutal y silencioso, se coló directamente en su mente, arrastrándola hacia el vacío.El mundo real se apagó de golpe.Antes de que su cuerpo se desplomara, los brazos de de su compañero la atraparon con una fuerza nacida de un instinto protector absoluto. El Alpha cayó de rodillas sosteniéndola contra su pecho, sintiendo cómo el peso de Seraphina se volvía inerte.—Sera,
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