El comienzo de un para siempreLos días que siguieron a aquella noche se deslizaron como una corriente cálida, envolviendo la mansión López en una energía distinta, nueva, casi luminosa. No era solo la promesa de una boda lo que flotaba en el aire, sino la certeza compartida de que, después de tantas grietas, el amor había decidido quedarse.Bianca despertaba cada mañana con una sensación extraña y hermosa en el pecho. No era ansiedad, tampoco miedo. Era ilusión. Una ilusión madura, consciente, nacida después del dolor. Abría los ojos y, por un instante, olvidaba dónde estaba; luego recordaba el anillo en su mano, el abrazo firme de Luciano, la manera en que Mateo había celebrado como si se tratara de una victoria personal. Entonces sonreía, una sonrisa lenta, profunda, de esas que no se ven desde fuera pero se sienten por dentro.Luciano, por su parte, caminaba con una ligereza que sorprendía incluso a quienes lo conocían desde hacía años. En la empresa, Elías notó el cambio desde el
Leer más