Cancún seguía siendo un paréntesis perfecto.
El sol entraba por los ventanales de la habitación con una suavidad casi cuidadosa, como si incluso la luz supiera que no debía interrumpir la calma que rodeaba a Bianca y Luciano. El sonido del mar era constante, un murmullo profundo que parecía acompañar cada respiración, cada latido.
Luciano estaba de pie junto al balcón, con una taza de café entre las manos, observando cómo el azul del océano se mezclaba con el cielo. Pensaba en lo extraño que re