El fin de semana había pasado como un suspiro. Apenas un parpadear y ya todo había terminado. Parecía increíble que cuarenta y ocho horas pudieran sentirse como una larga caricia en el tiempo, pero también desaparecer como el viento cuando finalmente empiezas a disfrutarlo. Para Luciano, Bianca y Mateo, aquellos dos días se habían convertido en un oasis perfecto, lejos de problemas, tensiones, reuniones, responsabilidades y… secretos.Mateo seguía repitiendo que ese fin de semana había sido el mejor de su vida, y aunque solía decir lo mismo de cada paseo, todos sabían que esta vez hablaba completamente en serio. Se había reído tanto, había correteado tanto, había hablado tanto, que incluso Bianca creía que, si la felicidad hiciera ruido, sería la risa de su hijo.Luciano también lo había disfrutado. No recordaba la última vez que había permitido que su mente descansara por completo. Sin correos, sin llamadas, sin el peso del apellido del Valle sobre su espalda. Solo él, Bianca, Mateo
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