Lia Han pasado dos horas desde que salí de la Sala del Consejo, hastiada de la presión, la hipocresía y el juego malvado de esos dos machos. Uno es mi maestro; el otro, mi futuro marido. Existe una gran probabilidad de que Damiano no consiga lo que se propone, así que debo prepararme mentalmente para cualquier resultado. Por eso, en aquellas dos horas de incertidumbre, me puse a redactar otra carta. Esta carta, a diferencia de la que le di a Alistair, no está dirigida terceros, no guarda secretos ni discreción. Es directa, cada palabra escrita de manera puntual. Conseguiré la manera de hacerla llegar al destinatario apenas reciba una respuesta de Damiano y el Consejo.«Para Adrián Volkan, de una vieja amiga» Alguien toca la puerta y pongo un montón de papeles encima de la carta para disimular antes de tomar mi cepillo para el cabello. —Adelante. Finjo peinar mi cabello mientras Intia, mi doncella, cruza el umbral y se acerca a mí. —Mi señora —dice con una reverencia —. E
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