Lia Me despierto con un mal sabor en la boca y una molestia en el pecho. Pongo una mano sobre mi corazón, frotando la zona para aliviar el incómodo dolor que se expande ahí. Es temprano, alrededor de las seis de la mañana, pero el sueño ya me ha abandonado por completo. Por inercia, miro el lado vacío de mi cama y la puerta cerrada. Por primera vez en mucho tiempo, nadie va a atravesar esa puerta en busca de mi cuerpo. A esta hora, Rafael estaría colándose a mi habitación para tener un momento de intimidad antes de que mis doncellas de confianza acudieron a la habitación para prepararme el baño y vestirme. Era rápido, nada apasionado, solo un turno de rutina Me estremezco bajo el peso de los recuerdos. No es que me obligara a acostarme con él, pero siempre se sintió incorrecto. Además de que lo sentía como parte de mi deber, el placer era secundario y a Rafael le gustaba que estuviera quieta, por lo que no tenía que esforzarme por complacerlo, solo dejar que me tomara de la fo
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