Damiano Luego de calmar a Leila, asegurarle que entre Lia y yo nunca podría existir una relación amorosa, explicarle cómo vamos a proceder a partir de ahora para que, en el momento de su transición, la gente no tenga razón para desprestigiarla, y finalmente abandonar su habitación, me encerré en mi despacho las siguientes tres horas, pensando, ahora, cómo le explicaría a Lia la solución que diseñé para nosotros tres. Suena tan mal como sonará en el momento que tenga que decírselo a Lia. «Los tres». Ya puedo escuchar el sermón de mi prometida, alegando que un matrimonio es solo de a dos. Me paso una mano por la cara antes de arrojar una maldición, y fuerzas, para salir de mi despacho en dirección a los aposentos de Lia. Va a ser una conversación exhaustiva, pero espero que ella sepa comprender y aceptar mis términos, de otra forma, la única alternativa es imponerme sobre ella como su Alfa, lo que daría pie a un pésimo reinicio entre los dos. Ella no me ama, así que, ¿por qué de
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