Lia
—¿Renunciarías a tu propio hijo? —cuestiona Damiano con incredulidad.
Trato de que mi rostro no refleje nada de la duda que albergo en mi corazón. No me importa lo que Damiano opine de mí después de lo que dije, al menos, eso es lo que me repito.
No debería importarme, al fin y al cabo. Él ya me tiene tachada de lo peor, a pesar de que me deje tocarle el brazo y no me esté despotricando. Solo por eso me ablandé un poco, sintiendo al viejo él salir a relucir durante este breve tiempo.