Damiano
Tan pronto como Lia dice esas palabras, la atmósfera de tranquilidad se quiebra. No hay nada en sus ojos que me indique qué está sintiendo: un vacío profundo se extiende en su mirada azul, impidiendo que la vea realmente. Ha levantado esa pared impenetrable entre nosotros nuevamente.
A pesar de que sigo teniendo una mano en su brazo, me siento cada vez más lejos de ella.
Ella se refiere a mí como si fuera el único que tendría que rendirse. Si ella resulta ser la Reina Prometida,