Damiano
La doctora reaparece media hora después con una bandeja atiborrada de comida y agua fresca. En la esquina de la mesa, deposita una taza de té humeante donde colocó vitaminas para la recuperación de Lia.
Milagrosamente, Alfa Alistair no replicó cuando le pedí que se marchara. Sabia elección, no me he sentido especialmente tolerante estos días.
—Alfa Bastian... —susurra Lia.
Mi corazón da un vuelvo traicionero ante sus palabras. Ella sigue dormida y parece que está soñando. Sus párpados