Lia
Rápidamente dejo caer una máscara de indiferencia sobre mi rostro, poco antes de que la mirada de Damiano repare en mi presencia.
—Alfa —saludo con una reverencia profunda.
Damiano no me muestra la misma cortesía.
—Sígueme —ordena, su voz glacial hace que todos los músculos de mi cuerpo se tensen de anticipación.
Su espalda ancha es todo lo que veo mientras avanzamos. El silencio nos acompaña hasta que llegamos a un pasillo lleno de ventanas, los rayos del sol atravesando los cri