Apenas aterrizó el avión, Alekos Ravelli fue en busca de su hija. Sabía que se encontraba en un complejo de cabañas ubicado en un bosque a metros del mar. Caminó hacia el lugar mientras se comunicaba con Freya. Como era de esperar, ella aceptó enseguida su petición. Alekos le informó que se hospedaría en la casa de su padre, ya que la Villa Ravelli contaba con casas para invitados.Stavros Ravelli, como de costumbre, estaba enfurecido con su hijo. No solo no se había comprometido con Calista, sino que además se había desentendido del estado de salud su novia.Mientras tanto, Dakota e Irina llegaban a la cabaña. Acomodaron sus cosas y salieron a hacer unas compras. Luego pasearon un poco por la playa. Irina corría de un lado a otro, radiante de felicidad.—¡Mira, mami, un caracol! —exclamó Irina, mostrando su hallazgo.—Uno más para la colección —respondía Dakota, sonriéndole con ternura.Alekos los observaba desde lejos, fascinado. No sabía cómo proceder, así que se limitó a mirar. En
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