Ellos se quedaron hasta el final y se fueron hasta que vieron el ataúd de la señora Adelaida cubierto por la placa. Ellos, al llegar a la enorme mansión, que se sentía con un aire diferente, fueron recibidos por un abogado.—A ustedes los estaba esperando —el abogado miró a Brielle y compañía—. Por favor, pasen, que tengo que leer el testamento de la difunta señora Adelaida.Ellos entraron y todos los parientes se encontraban ahí; el abogado fue al despacho de la difunta y fue ahí que sacó aquellos documentos que todos ansiaban.—Yo, Adelaida De la Garza, viuda de Fernández. En pleno uso de mis facultades mentales y físicas, declaró como único heredero a mi querido Michi; como albacea se quedará mi adorada sobrina política Brielle León de Lennox. Ella podrá utilizar todos mis recursos para comprar las mejores croquetas que encuentre en el mercado y también llevar a mi adorada mascota al veterinario. Además de eso, se le va a dar una mensualidad, la que ella considere conveniente, puest
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