Justo en ese momento, Aleksander entró, llevaba mucha seguridad detrás de él y, sin dudar, disparó a dos personas que estaban ayudando al tío de Brielle, mostrando una puntería muy certera.—¡Ni se te ocurra! —Fernando apuntó directo al vientre de Brielle —sí, no quieres que tu mujer y tus bastardos se mueran.—Fuego a discreción.Aleksander habló suavemente por el intercomunicador, y de repente, un agudo silbido resonó en el aire. La bala atravesó la mano de Fernando, arrancándole un grito de dolor mientras la pistola caía al suelo. Sin darle tiempo para reaccionar, otro disparo cortó el aire, perforando su pierna, seguido de un tercer impacto que atravesó la otra pierna, haciéndolo caer al suelo de golpe, completamente indefenso.—Te lo dije, no le hagas daño a mi mujer, ni a mis hijos, porque te vas a arrepentir —él quitó el seguro del arma y le apuntó directamente a Fernando—. Ahora vas a ver de lo que soy capaz de hacer con tal de proteger a las personas que amo.Aleksander, que e
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