**ARIA — DÍA DOS** A la mañana siguiente, cuando trajeron la bandeja del desayuno, Aria se comió todo. Los huevos revueltos, la tostada, la fruta. Bebió toda el agua. Necesitaba recuperar fuerzas. El guardia que recogió la bandeja notó los platos limpios. Sus cejas se alzaron ligeramente. Amaro también lo notó cuando la visitó más tarde. Se quedó en el umbral, observándola. “Te ves mejor”, comentó. “Dormí”, respondió ella simplemente. Era verdad. Había dormido un sueño profundo y sin sueños, de puro agotamiento. Él dio un paso adelante y tomó un mechón de su cabello, dejándolo deslizarse entre sus dedos. Ella se obligó a no retroceder. “Te estás adaptando”, dijo él. “Sí”. Por la tarde, un guardia nuevo, uno que no había visto antes, abrió su puerta. “Puedes caminar por el pasillo. Diez minutos”. Era una prueba. Lo sabía. Se levantó despacio y lo siguió afuera. Otro guardia se colocó detrás de ella. Caminó a paso medido, con la cabeza ligeramente baja, pero sus ojos estaban en
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