Valente
No dormí.
No había dormido bien desde el día en que se llevaron a Aria y a Leo, y aun cuando mi cuerpo se apagaba una o dos horas, mi mente permanecía despierta, repitiendo en bucle los mismos momentos. El chirrido de los frenos. Los disparos. La cara calmada de Amaro a través del humo. El grito de Aria, cortado de golpe. El bracito de Leo extendiéndose hacia mí mientras lo levantaban.
Cinco días.
Cinco días desde la última vez que escuché la risa de Leo resonando en el pasillo.
Cin