Punto de vista de Aria
“Sí.”
“Por preguntar por mi hijo.”
“Por olvidar con quién hablas”, corrigió. “Por olvidar dónde estás.”
Negué con la cabeza lentamente; el movimiento me hizo doler la mandíbula. “No eres mi esposo. No tienes ningún derecho.”
Su expresión cambió entonces, un destello de verdadera irritación rompió la calma. “Valente no es tu esposo.”
“Lo es.”
“Es un ladrón”, espetó Amaro, con el primer ardor real en su voz. “Toma lo que no le pertenece. Es lo que hace. Territorio. Hombres.