**ARIA — DÍA DOS**
A la mañana siguiente, cuando trajeron la bandeja del desayuno, Aria se comió todo. Los huevos revueltos, la tostada, la fruta. Bebió toda el agua. Necesitaba recuperar fuerzas.
El guardia que recogió la bandeja notó los platos limpios. Sus cejas se alzaron ligeramente.
Amaro también lo notó cuando la visitó más tarde. Se quedó en el umbral, observándola.
“Te ves mejor”, comentó.
“Dormí”, respondió ella simplemente. Era verdad. Había dormido un sueño profundo y sin sueños