DanteHan pasado varios meses desde aquel día en que me casé con Antonela, allí, en el rancho de mi madre. Aquel día donde di un paso que mi corazón ya había tomado desde mucho antes, aunque aún no logro descargar del todo lo que llevo dentro. Estoy enamorado de ella. No es un gusto pasajero, no es simple atracción; es amor. Pero de ese amor que asusta, que me da miedo mostrar, miedo de soltar por temor a perderla, a perder a mis hijos… miedo de que el pasado regrese como un verdugo y me arrebate lo que ahora tengo.Hay noches en las que el solo pensar en estar lejos de ella, de Milagros, o de nuestro hijo que está a tan solo unas semanas de nacer, me consume. Y aun así, me he esforzado en actuar con normalidad, en mostrarme firme, en aparentar serenidad, cuando por dentro muero de ganas de abrazarla, de besarla, de decirle cuánto la amo, cuánto la deseo, cuánto necesito de su sonrisa para seguir respirando.Pero no… no es el momento.Estos días han sido particularmente agitados. Las
Leer más