AntonellaHabían pasado exactamente dos meses desde que llegué a esta mansión, y no podía estar más que profundamente agradecida. Agradecida por haber sido acogida, por permitirme quedarme aquí, y sobre todo, por ser ahora la familia de Dante. Mi hija lleva su apellido, y eso me basta para sentir que estamos protegidas. Bajo este techo, por primera vez en mucho tiempo, me sentí en paz.Cuando Milagros duerme, atendida por la enfermera o por la mujer que él contrató para ayudarnos, aprovecho el silencio del hogar para cocinarle algo o para mantenerme ocupada. Hace unas dos semanas se fue de viaje, y esta tarde, tal vez, regrese. No hablamos mucho, es cierto, pero su presencia se siente constante. Está pendiente de Milagros, y eso me tranquiliza. Solo la idea de no contar con esa protección me angustia. No sé qué habría sido de nosotras sin él.De Giovanni no volví a saber nada, gracias a Dios. Ni de él, ni de mi familia. Desde aquella vez que me echaron, desde aquel encuentro con mi he
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