La cabeza de Victoria se asoma por la puerta entreabierta, apenas un mechón rojo escapando primero… luego otro… hasta que por fin su cabecita aparece completamente, coronada por una maraña salvaje de rizos rojos. Parpadeando un par de veces, desorientada, y con más valentía que sigilo saca medio cuerpo para asomarse al pasillo.Asegurándose de mirar a ambos lados —como ha visto hacer a los adultos cuando cruzan la calle—, comprueba que todo está despejado y nadie se acerque. Entonces, con su pijama azul de olanes ondeando suavemente a cada paso y armada con su oso blanco bien sujeto por el brazo, sale al corredor caminando de puntillas. O al menos intenta hacerlo: sus pies aún no dominan del todo el arte de moverse sin hacer ruido.—Mami… —susurra bajito, llamando a Siena, aunque sabe que nadie va a contestar.Sin subir su tono, sigue llamando a su mamá mientras recorre el pasillo completo, girando la cabeza con ansiedad, y justo cuando está por darse por vencida y permitirse el surgi
Leer más