Siena mantiene el teléfono apoyado en su oído mientras mira por la ventana, desde su posición en el alféizar de la ventana puede ver como la luna se refleja sobre la tranquila superficie del lago regalándole lo que considera una de las imágenes más bellas que ha visto en mucho tiempo.
—Por Dios santo Helena, no me estoy ausentando toda una vida —asegura en voz baja—. Será solo una semana más de lo planeado.
Guarda silencio, escuchando la respuesta innecesariamente histérica del otro lado. Es ine