Al abrir la puerta de la habitación, además de desear tomar un baño rápido para bajar a desayunar, Siena espera ver a Victoria todavía acurrucada bajo el cobertor, respirando lento y durmiendo de manera profunda, tendría que despertarla para arreglar rápido. Pero ese plan queda en la nada cuando, al entrar en la habitación lo primero que nota es que las sabanas se encuentran revueltas, la cama vacía. el cobertor en el suelo y ni rastro de su hija.
Su corazón se detiene por un segundo. Luego, cuando este comienza a palpitar de nuevo con marcado frenesí, sus piernas reaccionan igualmente y comienzan a moverse llevándola fuera de la habitación.
—Victoria… —susurra con un hilo de voz mientras avanza por el pasillo, buscando en cada rincón, moviendo las grandes cortinas.
—¡Victoria! —llama un poco más alto.
Una vez que llega al final del corredor, una mano temblorosa se posa sobre su boca, intentando controlar la respiración entrecortada que está a nada de volverse un jadeo desesperado. Su