—¿Qué?
Es ahora Siena quien pregunta.
—¿Me llevas a caballito? —repita la niña, esta vez con más claridad, pero con la misma expresión dulce y sus ojos brillantes de cachorro.
Siena reacciona casi por instinto.
—No, mi amor, yo puedo llevarte —se adelanta, inclinándose un poco para ofrecerle la mano—. Ven, yo te cargo ¿de acuerdo?
Pero Victoria no se mueve hacia ella. En cambio, suelta su mano y mira a Franco con aún más insistencia, como si temiera que él dijera que no.
—Yo quiero que él me ll