Todo funcionaba demasiado bien, y eso fue lo primero que pensé al cruzar el umbral del evento familiar Vance.No había tensión visible, ni silencios incómodos, ni miradas desviadas.La casa, porque no era solo un salón, era una casa pensada para ser escenario, respiraba una armonía casi ofensiva. Cada elemento estaba en su lugar: la música a un volumen exacto, las conversaciones fluyendo sin sobresaltos, las risas medidas, oportunas.Un sistema en pleno rendimiento.Caelan estaba allí, por supuesto, imposible no verlo.No porque destacara, sino porque encajaba. Lina a su lado, ligeramente inclinada hacia él, sincronizada en gestos mínimos: cuándo asentir, cuándo sonreír, cuándo tocarle el antebrazo con una familiaridad estudiada que nadie habría cuestionado.La pareja correcta.Él llevaba el traje que mejor le sentaba. Ella, un vestido discreto, elegante, sin aristas.No había pasión evidente entre ellos, tampoco distancia, eran funcionales. Una unidad estable, parecía que se trataba
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