Testigo.
Lina me encontró sin anunciarse, no fue una emboscada ni un gesto dramático, no hubo mensajes previos ni intermediarios.
Simplemente apareció donde yo estaba, como si siempre hubiera sabido que ese era el único espacio en el que podía hablar sin ser observada, sin ser corregida, sin ser reencuadrada por nadie más.
Me dijo mi nombre una sola vez.
No con urgencia, con cuidado.
Levanté la vista y la vi de pie, las manos entrelazadas frente al cuerpo, la postura impecable que ya conocía.
La misma q