La primera decisión que tomé, sabiendo que alguien dentro de Quinn Design estaba trabajando contra mí, fue no defenderme.No convoqué reuniones extraordinarias, no envié correos aclaratorios, no pedí auditorías nuevas.Seguí adelante como si no estuviera viendo las grietas, eso fue lo más difícil.Porque cada documento falso, cada comentario lateral, cada duda sembrada me empujaba a reaccionar. A corregir, a explicar, a demostrar que no era la ejecutiva impulsiva y desordenada que alguien estaba empezando a dibujar con paciencia quirúrgica.Pero reaccionar era jugar su juego.Lo entendí cuando revisé, por tercera vez, un informe de avance que nunca había aprobado… y noté algo que antes no estaba.El relato ya no era caótico, era coherente.Todas las decisiones “inventadas” seguían la misma línea: plazos apurados, riesgos innecesarios, presupuestos tensionados. Nada ilegal, nada escandaloso, solo lo suficiente para instalar una idea peligrosa: que yo era brillante, sí, pero inestable.
Leer más