La Oferta Correcta.
La primera vez que escuché el nombre del fondo pensé que había entendido mal, no porque sonara extraño, sino porque no sonaba a nada.
No era un apellido histórico, no era una firma ligada a Vance Corp., no aparecía en ninguno de los documentos que había aprendido a reconocer como peligrosos.
No tenía ecos, no tenía pasado visible. Y eso, en mi mundo, era casi más inquietante que un nombre manchado.
—Quieren reunirse contigo —me dijo Martin, apoyado en el marco de la puerta—. Hoy, si es posible.