La primera decisión que tomé, sabiendo que alguien dentro de Quinn Design estaba trabajando contra mí, fue no defenderme.
No convoqué reuniones extraordinarias, no envié correos aclaratorios, no pedí auditorías nuevas.
Seguí adelante como si no estuviera viendo las grietas, eso fue lo más difícil.
Porque cada documento falso, cada comentario lateral, cada duda sembrada me empujaba a reaccionar. A corregir, a explicar, a demostrar que no era la ejecutiva impulsiva y desordenada que alguien estab