Fidelidades Heredadas.
La primera grieta no apareció donde yo esperaba, no fue un ataque externo ni un movimiento hostil visible.
Fue una reunión rutinaria, una de esas que antes pasaban sin fricción, con rostros conocidos, agendas previsibles y acuerdos tácitos que no necesitaban ser explicitados.
Hasta que dejaron de funcionar.
Había pedido revisar decisiones internas tomadas durante las últimas semanas, autorizaciones que no llevaban mi firma pero que, de algún modo, habían avanzado igual.
Cuando entré a la sala,