La noche no cayó.
Se instaló.
No hubo anuncio.
No hubo un cambio evidente en la iluminación.
Pero algo en el ambiente se volvió más cerrado.
Más introspectivo.
Más… peligroso.
Porque la noche, en ese lugar, no significaba descanso.
Significaba ausencia de distracciones.
Y cuando no hay distracciones…
solo queda la mente.
Erika regresó a su habitación a las 19:11.
El recorrido fue silencioso.
Más de lo habitual.
Ni siquiera el personal técnico cruzó palabras innecesarias.
Todo parecía… contenido