Capítulo 11No podía quitarme la sensación de que algo estaba mal. Incluso después de ver a Jezebel entrar al coche como la dócil “Elena”, el instinto me gritaba que la realidad era otra. No podía probarlo, no aún, pero mi mente no dejaba de darle vueltas a cada gesto, cada mirada, cada silencio.La noche había caído sobre la ciudad y mi casa estaba envuelta en sombras, apenas iluminada por la luz amarilla de los candelabros. Caminaba por el pasillo, la tensión clavada en mis hombros, escuchando el eco de mis propios pasos. El olor de su perfume todavía flotaba en el aire, dulce y peligroso, y me hacía apretar la mandíbula.Había algo en ella que no cuadraba. Esa forma de fingir miedo, de vacilar mientras me miraba, como si jugara a un juego que solo ella entendía. Mi instinto de alfa me decía que no podía dejarlo pasar. La controlaba, sí, la dominaba, pero esto era distinto. Era silencioso, sutil… mortalmente inteligente.Me detuve frente a la puerta de su habitación, apoyando la man
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