El aire en la mansión estaba cargado, pesado con la mezcla de perfume, humo de cigarros de Roman y una tensión que me hacía sentir que cada músculo de mi cuerpo estaba alerta. No podía permitirme relajarme ni un segundo. Sabía que cada movimiento que hacía podía ser observado, analizado, y utilizado en mi contra. Sin embargo, había algo que me mantenía viva: el juego con Roman. Esa combinación peligrosa de deseo y estrategia que nos mantenía a ambos al borde del abismo.
Me movía con cautela por