La luz era tan brillante que tuvimos que cerrar los ojos por un rato. Cuando se nos acostumbró, viimos el Umbral. Y no era lo que esperábamos.No era una caverna grande ni un trono de cristal. Era un espacio pequeño, cálido, como el interior de un nido. En el centro, había un solo cristal — un cristal de color dorado, tan grande como un lobo adulto, que latía. Sí, latía, como un corazón. Cada latido emitía una luz que llenaba todo el espacio, y un sonido que era como el susurro de todas las voces del mundo: las voces de los lobos antiguos, las voces de los que vivían en el exterior, las voces de nosotros mismos.Ese era el corazón de Aethel.Todos entramos, uno por uno, y nos quedamos alrededor del cristal dorado. Los gammas — yo, Zora, Jax, Mia, Leo, Noa — nos pusimos en el centro, porque sabíamos que éramos los que tenían que hablar con él. El Silenciador apareció entonces, pero no era un monstruo. Era un lobo de pelaje gris oscuro, con ojos vacíos como los de los omegas que han per
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