CAPÍTULO 1:EL SABER QUE MATA Y EL TIEMPO QUE REGRESAElena Márquez supo, en el momento en que el último latido de su corazón se desvaneció en un suspiro húmedo y frío, lo que ese velo de boda blanco había ocultado todo el día: tenía dos maridos. No era una ilusión de la muerte, no era el delirio de la hemorragia que le empapaba la falda blanca y rota —era la verdad, cruda y empalagosa como el veneno que habría querido tomar antes de llegar a ese punto. Uno era Thiago Montenegro, el hombre a quien había amado con toda la fuerza de un polluelo que encuentra un nido en medio de una tormenta. El otro era su hermano gemelo, Lucas Montenegro, el que siempre había parecido más frío, más distante, pero que también había compartido su cama, su vida, su mentira durante siete años.Ambos se habían enamorado de Camila Soto, la falsa heredera rica —ella que había crecido en la mansión Márquez, con los brazos de sus padres biológicos, con el conocimiento de las cucharas de plata y las fiestas de ga
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