Gaia Me encontraba frente al espejo, admirando mi vientre todavía plano, una superficie suave bajo mis dedos que guardaba el secreto de la vida que comenzaba a formarse. Mientras lo hacía, mi imaginación volaba sin frenos, proyectando cómo se vería y se sentiría en unos meses más, cuando la vida que crecía en mi interior comenzara a reclamar su espacio. Una alegría desbordante, casi dolorosa de lo pura que era, inundó mi pecho, haciéndome suspirar frente a mi propio reflejo. Sin darme cuenta, Conan apareció como una sombra protectora. Sentí el calor de su pecho contra mi espalda antes de sentir sus manos. Me abrazó por detrás, con una lentitud casi reverencial, y colocó sus palmas grandes y cálidas sobre mi vientre, justo donde mi propia mano descansaba. —Te ves hermosa —me susurró al oído. Su voz era una caricia de terciopelo y grava que me erizó la piel. Yo solo sonreí, atrapada en la imagen que nos devolvía el espejo. El vestido que había escogido para el Festival de la Luna Lle
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