Gaia
Salí de la cabaña dejando que la puerta se cerrara suavemente tras de mí. El aire del bosque me recibió con una intensidad que casi me hizo tambalear; no era solo el frío, era la vida misma palpitando en cada rincón. Caminé hacia la espesura, y todo se sentía diferente, puramente mágico. Mi conexión con la naturaleza, que siempre había sido un susurro, ahora era un grito vibrante. Podía sentir la savia corriendo por las venas de los árboles, el latido de la tierra bajo mis pies y el murmul