Gaia
Caminé entre la multitud, dejando que el bullicio del festival actuara como un bálsamo para mis nervios, aunque la sensación de extrañeza que se había adueñado de mí tras la partida de Gourus no me abandonaba. Cada risa y cada acorde de la música se sentían distantes, como si un velo invisible me separara de la realidad. Elevé la vista hacia la tarima y divisé la figura imponente de Conan; sus ojos negros barrían el lugar con una urgencia eléctrica. Me buscaba. Supe en ese instante que mi