Gaia
Habían pasado apenas dos días desde nuestro regreso de la cabaña, y el aire entre Conan y yo todavía vibraba con la intensidad de lo que allí se había sellado. El peso de mi rendición ante él no era una carga, sino una fuerza que fluía por mis venas, una conexión que me hacía sentir más viva que nunca. No podía permitir que se quedara encerrado conmigo cuando los deberes de un Alfa reclamaban su atención de manera tan urgente, así que lo empujé a retomar su trabajo mientras yo buscaba refu