GAIA
Ha pasado poco más de dos semanas desde que mi sangre se encendió en aquel celo, y hoy, al despertar, el mundo se siente extrañamente silencioso. Noté de inmediato que la urgencia abrasadora en mi vientre se había disipado; esa necesidad animal de ser reclamada cada segundo había desaparecido, y con ella, el aroma embriagador que volvía locos a los machos. Sin embargo, para Conan, nada parecía haber cambiado. Me hizo suya con la misma intensidad voraz, como si el fin de mi ciclo biológico